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TURBERAS

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¿QUÉ SON LAS TURBERAS?

Las turberas son humedales formados por la acumulación de turba y que poseen una vegetación actual formadora de turba (Martínez- Cortizas et al., 2009).

En estas áreas se deposita materia orgánica en distintos estados de degradación anaeróbica (sin presencia de oxígeno). Estos depósitos se forman en depresiones de terreno o sobre sustratos rocosos oligotróficos, donde se acumula agua o ésta fluye lentamente bajo un régimen pluvial (lluvias) permanente (Schlatter & Schlatter, 2004).

En estos lugares, una vez rellenos de material vegetal que sobresale generalmente del nivel freático, se forma un estrato superficial biológicamente activo, conformado por asociaciones de vegetales, entre las que predomina Sphagnum sp., planta hidrófita con gran capacidad de retener humedad (Iturraspe & Roig, 2000). Estas plantas tiene la capacidad de absorber iones básicos y liberar iones hidrógeno selectivamente, incrementando así la acidez del medio. Esta acidez, combinada con una baja disponibilidad de oxígeno, inhibe la supervivencia de varios organismos, incluyendo a los descomponedores. Es por esto que la materia orgánica tiende a acumularse, formando así la turba (Schofield, 1985).

Turbera Los Caulles
Turbera laguna Los Caulles, Dalcahue, Chiloé

 


¿QUÉ ES LA TURBA?

La turba es materia orgánica muerta que ha sido formada en un lugar. Este material consta de 90 % de agua y 10% de restos de plantas (briófitos, líquenes, herbáceas de medios húmedos, entre otros).

La turba se forma bajo condiciones donde el material vegetal se conserva por miles de años debido a una combinación de saturación permanente de agua, bajos niveles de oxígeno y altos niveles de acidez (CKPP, 2008).

 
Perfil turba
Testigo de turba
 

 


¿CÓMO SE FORMARON LAS TURBERAS EN CHILOÉ?

Durante las eras glaciares del Pleistoceno, gran parte del territorio de la Décima Región de Los Lagos-Chile fue afectado por una intensa actividad glacial (Porter, 1981). Casquetes glaciares cubrieron el valle central de esta zona (Hauser, 1996), así como la parte de la actual Isla Grande de Chiloé, formando un paisaje caracterizado por hielo y material sedimentario (Zegers et al., 2006). El descenso de la actividad glacial debido al progresivo aumento de la temperatura que se inició hace unos 13.000 años determinó el retiro de los glaciares, dejando grandes masas de agua producto de la fusión del hielo, lo que permitió la formación de grandes lagos y lagunas glaciares (Porter, 1981). En estos sectores de restringido drenaje, se generaron especiales condiciones climáticas que favorecieron el dominio de musgos del género Sphagnum, que permitió la importante acumulación de materia orgánica, que con posterioridad se transformaron en extensas turberas (Hauser, 1996).

 

Turbera glaciar
Proceso de formación de una turbera de origen glaciar

 

Turbera antropogénica
Proceso de formación de una turbera de origen antropogénico
 

Por otra parte, en la Región de Los Lagos es posible encontrar otras áreas dominadas por Sphagnum, que corresponden a sitios colonizados por este musgo tras la quema o tala rasa de bosques desarrollados sobre suelos de tipo Ñadi. Estos suelos de origen volcánico, delgados y ricos en materia orgánica, están compuestos por una capa inferior que es un sustrato de ripio de origen fluvioglacial (aguas procedentes de la fusión de glaciares). Sobre éste se encuentra una capa impermeable de óxidos de fierro, aluminio y sílice, llamado “fierrillo”, que provoca las condiciones de saturación de agua y drenaje deficiente y una capa superior de materia orgánica (Ramírez et al., 1996).

Las condiciones de anegamiento que presentan estos sitios durante gran parte del año, favorecen la colonización, establecimiento y posterior acumulación de Sphagnum, formándose así turberas que han sido llamadas antropogénicas o “Pomponales” (localmente) (Zegers et al., 2006). En consecuencia, a estos ecosistemas se les ha concedido un origen antrópico, producto de la intensa degradación del bosque nativo, producida principalmente después de 1850, con la colonización europea (Armesto et al., 1994).

 

 


¿POR QUÉ SON IMPORTANTES LAS TURBERAS?


Las turberas prestan importantes servicios ecosistémicos, esto significa que entregan beneficios a las personas y al planeta. A continuación mencionamos los más importantes.

  • Conservación de la biodiversidad: desempeñan un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad, puesto que son refugio de algunas de las especies más raras e inusuales de la flora y fauna dependiente de los humedales (Ramsar, 2004).

  • Regulación del ciclo hidrológico: intervienen en el ciclo hidrológico, debido a su gran capacidad de retener agua. Estos ecosistemas son recargados por precipitaciones y el agua que es captada se libera gradualmente hacia las cuencas. También influyen directamente en la calidad del agua, ya que operan como filtro natural hacia las aguas subterráneas, reduciendo la movilización y transporte de sedimentos y fijando compuestos nocivos como metales pesados (Martínez Cortizas et al., 2009).
Servicios ecosistémicos
  • Almacenamiento de carbono: gracias a la acumulación de las capas de turba, participan en la fijación de carbono (en mayor medida que los bosques). Contienen aproximadamente 1/3 de las reservas de carbono del mundo, las cuales son el resultado de un lento proceso de acumulación (Clymo et al. 1998), siendo Sphagnum el principal género involucrado (Gerdol et al., 1996).

  • Archivos paleoambientales y arqueológicos: a través de la acumulación de turba constituyen archivos paleoambientales que sirven para reconstruir los cambios paisajísticos del pasado y los climas anteriores. También es el tipo de humedal más importante para el patrimonio cultural, especialmente por su capacidad de preservar restos arqueológicos y el registro paleobiológico sumergidos en agua y en condiciones de desoxigenación (Ramsar, 2004).

  • Productos comercializables: tanto la turba como el Sphagnum vivo es usado en horticultura como retenedor de nutrientes, se utiliza además como aislante térmico, como piso orgánico, como filtros y como combustible fósil (Henríquez, 2004).

 


¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE LA DESTRUCCIÓN DE LAS TURBERAS EN CHILOÉ?


La extracción del musgo vivo y la explotación de turba han iniciado una preocupante degradación de estos ecosistemas, afectando directamente los servicios ecosistémicos que prestan. Se pierde biodiversidad endémica; se elimina valiosa información científica que se ha almacenado durante miles de años; desaparece una belleza paisajística singular con gran potencial turístico y recreativo, entre muchos otros servicios afectados.

La sobreexplotación y las malas prácticas de cosecha, llevan a un agotamiento del recurso, no hay regeneración y en consecuencia se perderá esta actividad económica en la isla.

Otro elemento importante es el rol de reservorios de agua dulce, ya que la Isla Grande no tiene un suministro de agua a partir de deshielos de montañas como ocurre en el continente, su única fuente de agua proviene del almacenamiento de las precipitaciones de lluvia (Zegers et al., 2006) y bajo el contexto climático actual, en un escenario donde el nivel de precipitaciones ha bajado, el almacenamiento de agua y gestión de los recursos hídricos es vital para la isla.

Finalmente, las turberas han secuestrado y almacenado carbono atmosférico durante miles de años, pero a nivel global la degradación de las mismas es responsable de más de 3000 millones de toneladas de dióxido de carbono por año, lo que representa cerca del 10% de todas las emisiones antropogénicas globales.

Los suelos de turba son inmensos almacenes de carbono, que guardan cerca de 550 Gt de este elemento, una cantidad similar al disponible en las reservas de carbón de origen fósil (585 Gt), y dos veces la biomasa forestal global. Cuando los suelos de turba normalmente húmedos entran en contacto con el aire comienzan a oxidarse y descomponerse, liberando dióxido de carbono (Joosten & Couwenberg, 2008), lo que revierte su rol de fijadores de carbono, transformándose en emisores de CO2 y contribuyentes nocivos al cambio climático.

 


REFERENCIAS

ARMESTO, J. VILLAGRÁN, C. & C. DONOSO. 1994. Desde la era glacial a la industrial: la historia del bosque templado Chileno. Ambiente y Desarrollo, 10:66-72

CKPP. 2008. Questions & Answers: Facts about peatland degradation in Southeast Asia in a global perspective. Central Kalimantan Pealtand Project (CKPP). Wageningen, Wetlands International.

CLYMO, R. S. TURUNEN, J. & K. TOLONEN. 1998. Carbon accumulation in peatlands. Oikos 81: 368-388.

GERDOL, R. BONORA, A. GUALANDRI, R. & S. PANCALDI. 1996. CO2 exchange, photosynthetic pigment composition, and cell ultrastructure of Sphagnum mosses during dehydration and subsequent rehydration. Canadian Journal of Botany 74: 726-734.

HAUSER, A. 1996. Los depósitos de turba en Chile y sus respectivas de utilización. Revista Geológica de Chile 23 (2): 217-229.

HENRÍQUEZ, J. 2004. Estado de la turba esfagnosa en Magallanes. Capítulo 8: 93-104 pp. In: Blanco, D. & V. de la Balze (Ed.). Los Turbales de la Patagonia: Bases para su inventario y la conservación de su biodiversidad. Wetlands Internacional, Buenos Aires, Argentina.

ITURRASPE, R. & C. ROIG. 2000. Aspectos hidrológicos de turberas de Sphagnum de Tierra del Fuego – Argentina. 85-93 pp. In: Coronato, A. & C. Roig (Eds.) Conservación de ecosistemas a nivel mundial con énfasis en las turberas de Tierra del Fuego. Disertaciones y Conclusiones., Ushuaia, Argentina.

JOOSTEN, H. & J. COUWENBERG. 2008. Peatlands and carbon. 99-117 pp. In: Parish, F. Sirin, A. Charman, D. Joosten, H. Minayeva, T.Silvius, M. & L. Stringer (Eds.). Assessment on peatlands, biodiversity and climate change: main report. Global Environment Centre, Kuala Lumpur and Wetlands International, Wageningen.

MARTÍNEZ CORTIZAS, A., PONTEVEDRA POMBAL, X., NÓVOA MUÑOZ, J. C., RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, R. & J. A. LÓPEZ-SÁEZ. 2009. Turberas ácidas de esfagnos. En: VV.AA., Bases ecológicas preliminares para la conservación de los tipos de hábitat de interés comunitario en España. Madrid: Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino. 64 p.

PORTER S. C. 1981. Pleistocene glaciation in the southern Lake District of Chile. Quaternary Research 16: 263-292.

RAMÍREZ, C. MAC DONALD, R. & C. SAN MARTÍN. 1996. Uso forestal de los ecosistemas de “ñadi”: Riesgos ambientales de la transformación de suelos en la Región de Los Lagos. Revista Ambiente y Desarrollo XII (1): 82 -88.

RAMSAR. 2004. Lineamientos para la acción mundial sobre las turberas, Manual 14. Manuales Ramsar para el uso racional de los humedales. Secretaría de la Convención de Ramsar, Gland, Suiza.

SCHLATTER, R. & J. SCHLATTER. 2004. Los turbales de Chile. Capítulo 5: 75-80 pp. En: Blanco, D & V. de la Balze (Ed.). Los Turbales de la Patagonia: Bases para su inventario y la conservación de su biodiversidad. Wetlands Internacional, Buenos Aires, Argentina.

SCHOFIELD, W.B. 1985. Introduction to Bryology. The Blackburn Press, Caldwell, New Jersey. 431 pp.

ZEGERS, G. LARRAÍN, J. DÍAZ M. F. & J.J. ARMESTO. 2006. Impacto ecológico y social de la explotación de pomponales y turberas de Sphagnum en la Isla Grande de Chiloé. Revista Ambiente y Desarrollo (Chile) 22: 28-34.

 

turba